Ah, Laura:
 
Vos conociste a Soazic, pero no a Silvio personalmente. Sin embargo, la última vez que te vi me soñabas con jugar con él cuando fuera a Colombia. Y mientras nos decías esto a Jacky y a mí, empezaste a doblar la ropita de él que ya no le servía y que Cécile había mandado para otro niño. No nos dimos cuenta, porque estábamos pendientes de tus palabras y de tu alegría anticipando ese momento y recordando cómo cuidabas una niñita como de la edad de Silvio. Sólo al final, cuando terminaste, vimos con cuánta ternura habías doblado cada pantaloncito, cada camisetica, cada saquito, cada mediecita... y el disfraz de papá Noel, que celebraste, y la pantalonetica...!! En fin...porque quedaron tan precisoamente doblados, que no pudimos sino  asombrarnos y concluir que serías una excelente mamá!
 
Hoy, ya casi al final de este viaje importante en mi vida, quería escribirte que fue ése el recuerdo que me evocó una jovencita, en el metro de Paris un día, en que se acercó a consolar un bebé que lloraba en un cochecito. Y con tanta ternura! que yo no pude recordar otra semejante, sino la tuya ese día doblando la ropita de Silvio.
 
Ay, Laura, cómo me alegró conocer en vos esa faceta tuya, tan cercana, tan humana, cuando a veces, ¡rigor de la existencia!, eras como tan extraña y tan ajena! Te soñé mamá y la alegría de tus papás como abuelos y la de Daniela como tía. ¡¡Bendito sea mi Dios!! ¡qué cosas tan duras tiene la vida!! Sí, pero gracias, también por este recuerdo: Faltó la foto tuya con Silvio, sí, pero quedó la de tu ternura para con él, a pesar de la distancia.
 
La tía que siempre extrañará la mamá que hubieras sido.



Ana Victoria